Se multiplicaron las claves de uso cotidiano y recordarlas significa un problema: la del cajero automático, la de Home Banking, la del correo electrónico personal y del trabajo, la de Facebook, la de Twitter, de la alarma, del correo de voz, la de Wifi, de la computadora del trabajo, para desbloquear el teléfono y la de los sitios de interés, entre otras.
A su vez, aumentaron las exigencias de seguridad: mezclar números, letras, mayúsculas y minúsculas; que no se repitan; que superen los ocho caracteres, que no sean números consecutivos, ni datos personales como fechas de cumpleaños, nombre de la mascota, de familiares u otros del estilo. Y aconsejan cambiarlas, preferentemente, cada tres meses. Entre las recomendaciones, queda descartada la posibilidad de anotarlas.
Cumplir con los requisitos de seguridad informática se vuelve dificilísimo. Las contraseñas que no se usan a diario se entreveran en la memoria o caen en el olvido
Cumplir con los requisitos de seguridad informática se vuelve dificilísimo. Las contraseñas que no se usan a diario se entreveran en la memoria o caen en el olvido. Lo mismo suele suceder cuando se las cambia por previsión y por temor a ser hackeados.
Entonces, ante la casi “certera” sospecha de que no la recordarán y la supuesta “remota” posibilidad de que aparezca algún delincuente cibernético hurgando entre los datos, muchos optan por repetirlas o dejarlas sencillas de descifrar.
La firma de software SplashData reveló la lista de contraseñas más usadas y las declaró como las peores. En el primer puesto figura “123456” y le sigue “password”. También figuran claves como “1111111”, “Adobe123” o “iloveyou”. Fechas de cumpleaños, de aniversarios y direcciones, a pesar de las advertencias, siguen funcionando como llaves de acceso.
EL PELIGRO DE LAS CLAVES FACILES DE DESCIFRAR
“Todavía no hay suficiente consciencia de los cuidados que se deben tener en internet. Los usuarios no tienen en cuenta que otra persona puede estar buscando datos, y que hay gente que se dedica específicamente a esta actividad delictiva”, dice el abogado Raúl Martínez Fazzalari, especialista en seguridad informática.
Martínez Fazzalari asegura que son frecuentes los robos de claves para acceder, por ejemplo, a cuentas bancarias. Pero muy pocos casos llegan a una instancia judicial, por lo que no existe una estadística certera. “En la mayoría de los casos, las empresas o entidades financieras prefieren llegar a un acuerdo monetario con el cliente perjudicado, para evitar que la noticia circule y se cuestione la seguridad interna”.
Para el abogado, en este tipo de delitos, la responsabilidad es compartida entre el banco y el usuario, quien también debe proteger su clave y respetar las medidas recomendadas de seguridad. “Muchos se quejan pero ponen contraseñas sencillas para no complicarse”, dice Martínez Fazzalari, y aconseja tomar recaudos como manejarse con el teclado virtual - que suele figurar entre las opciones de Home Banking - para tipear la clave.
Una vez cometido y probado el delito de robo y manipulación de contraseña se puede apelar a las penas: el acceso - sin autorización - a comunicaciones electrónicas puede sancionarse con quince días o hasta seis meses de prisión. Lo mismo para quien acceda a un sistema o dato informático de acceso restringido (podría ser la red interna de una empresa). Y la condena aumenta en los casos de robos de base de datos: de un mes a dos años de cárcel.
GENERADORES DE CONTRASEÑAS
Para evitar caer en códigos fácilmente descifrables, la página ClaveSegura.org genera contraseñas para cada usuario. Desde el sitio aseguran que son aleatorias y que no quedan almacenadas, como tampoco quedaría ninguna información sobre las visitas.
Para acceder a una basta con elegir, entre las opciones que figuran, el tipo (puede ser letra y números, sólo letras, sólo números, todos los caracteres o fácil de recordar) y el número de caracteres (las alternativas que se ofrecen van del 4 al 20). Con cada contraseña se indica el nivel de seguridad. Recomiendan un mínimo de 8 dígitos, y más de 10 como ideal.
También existen programas de software - pagos y gratuitos - para guardar contraseñas. Deben bajarse en una computadora o celular y funcionan como una “caja fuerte” que almacena las claves, de manera encriptada. De modo que el usuario sólo necesita acordarse una: la que le permite entrar al programa, y ahí figurarán todas. Y tener ganas y tiempo de este paso previo para saber su clave. LastPass, 1Password, KeePassX y DashLane son algunos de los gestores.
ASOCIACIONES PARA RECORDAR Y ENTRENAR AL CEREBRO
Como solución casera, muchos optan por crearse sistemas - que pueden incluir sumas o restas de números significativos para la persona - para recordar todas las contraseñas. La neuróloga Diana Cristalli alienta este tipo de estrategias. Y sostiene que la codificación de datos, que implicaría armar asociaciones entre palabras, imágenes o números (una cifra con una casa en particular o una palabra con una persona, por ejemplo) sirve para estimular al cerebro y garantizar la calidad del recuerdo.
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